Una
tierra salada. Una tierra poblada de aves blancas. El viento las
adormece, por eso cuando respiro tapan la tierra con sus alas. Las
alas no dejan que la tierra respire. Las plumas no dejan que las
gotas de lluvia sacien la sed de esta tierra. A las aves blancas les
gusta el ruido, por eso cuando grito se deslizan a ras de tierra en
un baile ritual. Las aves blancas están encadenadas a esta tierra.
Si una de ellas despierta de su sueño milenario no puede escapar.
Entonces el ave sufre y maldice tener conciencia de su castigo. Y yo
empática sufro también con ella. Una de ellas me hablo con los
ojos, hace tanto tiempo atrás que no se si fue real o ya alucino.
Sólo me dijo: No dejes de creer. Aun no se bien que significa eso,
pero creo que tiene relación el hombre de la magia. El hombre de la
magia hace que las aves blancas se escapen de su cautiverio. Se
quedan quietecitas cuando lo sienten venir, como si todas estuvieran
profundamente dormidas. Les libera una patita y luego la otra. Les
dice algo al oído y luego se elevan. Cada una le da un beso en la
mejilla antes de partir. A veces me pregunto a dónde volaran las
aves blancas. El hombre de la magia es un enigma. Cuando respira hace
que la tierra lo acompañe. Cantando como en trance logra que el agua
caiga sobre las tierras, ahora desnudas. El hombre de la magia me
contó que quiere que el verde cubra las tierras saladas. No sé bien
que significa eso, pero me agrada como se siente. El hombre de la
magia también es fuego. Alumbra cuando esta tan oscuro que no veo ni
mi alma. Calienta cuando el frío paraliza todas mis fuerzas. Este
hombre de fuego es también ingenio. Da siempre nuevos significados a
lo que daba por sentado. Me gusta oírlo hablar, con esa voz
que es también un ser vivo por sí misma. Me gusta cuando el hombre
ingenio llora pensando en los que sufren. Me hace subir a una nube
que se hace llamar esperanza. A veces me da miedo dormir. No sé si
al abrir los ojos el hombre llanto estará sembrando la tierra
salada. Mas siempre al abrirlos lo siento susurrarme al oído: No
dejes de creer.miércoles, 8 de mayo de 2013
Una
tierra salada. Una tierra poblada de aves blancas. El viento las
adormece, por eso cuando respiro tapan la tierra con sus alas. Las
alas no dejan que la tierra respire. Las plumas no dejan que las
gotas de lluvia sacien la sed de esta tierra. A las aves blancas les
gusta el ruido, por eso cuando grito se deslizan a ras de tierra en
un baile ritual. Las aves blancas están encadenadas a esta tierra.
Si una de ellas despierta de su sueño milenario no puede escapar.
Entonces el ave sufre y maldice tener conciencia de su castigo. Y yo
empática sufro también con ella. Una de ellas me hablo con los
ojos, hace tanto tiempo atrás que no se si fue real o ya alucino.
Sólo me dijo: No dejes de creer. Aun no se bien que significa eso,
pero creo que tiene relación el hombre de la magia. El hombre de la
magia hace que las aves blancas se escapen de su cautiverio. Se
quedan quietecitas cuando lo sienten venir, como si todas estuvieran
profundamente dormidas. Les libera una patita y luego la otra. Les
dice algo al oído y luego se elevan. Cada una le da un beso en la
mejilla antes de partir. A veces me pregunto a dónde volaran las
aves blancas. El hombre de la magia es un enigma. Cuando respira hace
que la tierra lo acompañe. Cantando como en trance logra que el agua
caiga sobre las tierras, ahora desnudas. El hombre de la magia me
contó que quiere que el verde cubra las tierras saladas. No sé bien
que significa eso, pero me agrada como se siente. El hombre de la
magia también es fuego. Alumbra cuando esta tan oscuro que no veo ni
mi alma. Calienta cuando el frío paraliza todas mis fuerzas. Este
hombre de fuego es también ingenio. Da siempre nuevos significados a
lo que daba por sentado. Me gusta oírlo hablar, con esa voz
que es también un ser vivo por sí misma. Me gusta cuando el hombre
ingenio llora pensando en los que sufren. Me hace subir a una nube
que se hace llamar esperanza. A veces me da miedo dormir. No sé si
al abrir los ojos el hombre llanto estará sembrando la tierra
salada. Mas siempre al abrirlos lo siento susurrarme al oído: No
dejes de creer.
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que el talento no cese, extrañan los escritos
ResponderEliminargolpeaste mis recuerdos con un martillo en tu mano derecha, pero esta vez, sin sangre.
ResponderEliminargracias